RECICLAR NO ES LLEVAR LOS RESIDUOS AL CONTENEDOR

- Por Gerard Porta Aldrufeu, estudiante de Ingeniería de las Energías - 

El proceso de reciclaje está formado por muchas etapas y es muy complejo. Nosotros, como ciudadanos, estamos situados en el inicio de todo el proceso y solo participamos en la deposición de los residuos en el contenedor adecuado. Este hecho, que a priori parece simple, los números reflejan que no lo es tanto. Desde hace 10 años el porcentaje de separación de los residuos en la recogida selectiva está estancado en el 45%. Después de tantos años dando la tabarra con el tema y bombardeando con anuncios de televisión, no se ha logrado alcanzar el 50%. La Unión Europea marcó que para este 2020, el porcentaje de separación de los residuos en la recogida selectiva debía ser del 50% para todos los estados miembros, y del 75% para el 2025.

Resta pues, mucho trabajo por hacer en términos de concienciación e implicación en como tratas el residuo que generas. Si eres una de las personas que aún lo sigue poniendo todo en la misma bolsa y lo tira al contenedor gris, te invito efusivamente a que te pongas a separar tus residuos de la forma adecuada. Aparte del beneficio medioambiental que ello supone, te supondrá un beneficio económico (pronto dejará de existir la no diferencia económica del hecho de separar o no los residuos y se empezará a penalizar quien lo tire todo junto).

Si eres una persona que ya separa y lo deposita todo correctamente en su sitio, te felicito por el trabajo que haces, pero te animo a no conformarte y pensar que ya haces todo lo posible... Desafortunadamente, se ha extendido la mala costumbre de llamar reciclar al hecho de separar los residuos y llevarlos al contenedor adecuado. No, reciclar no es deshacerse de los residuos que generas. No me gustaría que se interpretara que estoy despreciando esta acción, en absoluto. Como ya he mencionado de forma reiterada, es fundamental para poder convertir los residuos en recursos y reciclarlos, pero los contenedores no son cajas mágicas.

Que solo participamos en la primera etapa de todo el proceso de tratamiento de los residuos no es despreciable, sino al contrario. Como se explica en el post de "SI EL PLÁSTICO SE PUEDE RECICLAR, ¿POR QUÉ EL MAR ESTÁ LLENO?", los envases están formados por más de un tipo de plástico, los cuales se deben separar para poder mejorar la eficiencia del triaje y la eficacia del posible posterior reciclaje de estos materiales. Realizar esta separación o no significa un cambio sustancial en las posibilidades de recuperación de los residuos y de convertirlo en un recurso. Pero todavía se puede actuar mucho más para conseguir que el éxito sea más factible.

Como el proceso de separación de los residuos en las plantas de selección se hace de forma mecanizada, las máquinas utilizan una tecnología de escaneo láser y basándose en unos patrones y una serie de parámetros, pueden determinar de qué tipo de material se trata el objeto que están analizando. A priori no debería haber ningún tipo de error en la clasificación de los objetos, ya que la tecnología utilizada es suficiente fiable para garantizar que el error que se comete es despreciable. Además, para evitar posibles errores, los objetos se someten a un segundo escaneo para verificar que la identificación es correcta.

En la práctica, la teoría no se cumple, debido a una serie de elementos que contaminan el objeto y hacen que el escaneo clasifique el objeto de una forma errónea. La mayoría de veces, los "parásitos" responsables de este hecho, son las etiquetas de los productos. Estas hacen que con la lectura del escaneado se muestren unos parámetros de reflexión diferentes de los que tiene el material del que está compuesto el objeto, y por tanto, se clasifica el objeto como un tipo de plástico que realmente no es, con las consecuencias que ello conlleva.

Un claro ejemplo es el del plástico PET y PEAD. El PET se caracteriza por ser un plástico transparente y de tacto suave, utilizado ampliamente para hacer botellas de bebida. El PEAD se encuentra en envases de detergentes y productos de limpieza, siendo opaco y con un tacto más rugoso. Son dos tipos de plástico muy fáciles de separar, pero el problema aparece cuando el envase de PET tiene una etiqueta. Si esta es suficiente grande o da la casualidad que el láser apunta el envase justo donde se encuentra esta, la lectura que se extrae no es de que se trata de un objeto de tipo PET, sino que se identifica como PEAD. Y como ya se ha dicho, PET y PEAD tienen propiedades diferentes. Así pues, a la hora de fundirlos para reciclarlos y crear un objeto nuevo, es como el agua y el aceite, no se mezclan y el resultado es que se ha de desechar todo el material porque queda inutilizado.

Como en el mercado existen envases vírgenes y tintados, las máquinas son capaces de separar (dentro del mismo tipo de plástico) si el objeto escaneado tiene color o no. Esta diferenciación, que a priori parece absurda, es importante a la hora de reciclar el material, ya que un plástico virgen se le puede utilizar para crear cualquier objeto (siempre que las propiedades del plástico lo permitan) y se puede tintar del color que sea, mientras que un plástico tintado requiere de inyección de plástico virgen para recuperar propiedades perdidas a la hora de introducir el tinte y no se le puede tintar de cualquier color (debe ser de una gama más oscura). En este caso, las etiquetas hacen que se confundan envases de plástico virgen en envases tintados, reduciendo así el potencial de reciclaje que tiene el objeto.

Lo mismo sucede cuando se tinta un envase. Por ejemplo, una bolsa de patatas transparente y otra que esté pintada (del color que sea), no tienen las mismas posibilidades y probabilidades de ser recicladas. En primer lugar, el hecho de estar tintada hace que la lectura no tenga los valores que tendría si el material fuera puro (sin tintar). Esta falta de precisión, si es muy grande, puede acabar produciendo que a la bolsa se le otorgue una clasificación de material diferente de la que realmente debería tener. Por otra parte, suponiendo que ambas bolsas han sido clasificadas de la misma forma, el hecho de estar tintada impide que pueda tener las mismas salidas que la transparente.

Así pues, la decisión que tomemos a la hora de comprar el producto afectará directamente a su reciclaje, ya que en función de su estampado será más factible o no que se recicle. Por otra parte, es importante retirar siempre la etiqueta de los envases para conseguir que la probabilidad de éxito de clasificación del envase sea la mayor posible.

Separando los diferentes tipos de material plástico que hay en un mismo envase, retirando las etiquetas de estos y concienciándonos del impacto que tiene el tintado en el reciclaje a la hora de adquirir productos de plástico, estaremos actuando de la manera más eficiente y efectiva para conseguir que los residuos que generamos (los que deberían ser los menores posibles si se piensa en cómo reducirlos al máximo de nuestro día a día) una vez los depositemos en el contenedor amarillo, tengan la mayor probabilidad de ser elegidos correctamente y posteriormente reciclados.

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